La digitalización de los procesos productivos y de los servicios y el desarrollo de los sistemas de ingreso mínimo vital parecen anunciarnos un mundo sin empleo. Nuestra idea del mismo forma parte de un mundo que se extingue. El planeta tiene riqueza suficiente para mantener a toda la población, la maquinización quizá salve a los seres humanos del empleo…
Pero el empleo, o mejor, el trabajo, ¿no es algo que además de recursos económicos no nos da identidad, relaciones sociales, capacidad de transformación? ¿Cómo sería una sociedad con riqueza suficiente sin empleo? ¿A qué nos dedicaremos? ¿Consumiremos compulsivamente? Las políticas públicas deberán reflexionar sobre estos escenarios para acertar en sus estrategias de promoción de la igualdad de oportunidades.
