Cuando hablamos de brecha digital nos referimos a las diferencias entre las personas y grupos que utilizan de forma cotidiana las tecnologías de la información (por ejemplo, internet o programas informáticos) para cubrir sus necesidades personales, educativas o laborales y aquellas que no lo pueden hacer o no saben cómo.

Es decir, tiene que ver con problemas para acceder (al no disponer de ordenadores o móviles adecuados, internet en casa o datos suficientes) y/o para hacer un uso de calidad (al no saber cómo utilizarlos de manera eficaz, o solo de forma muy limitada).

Estas diferencias son más claras en tiempos de crisis o en situaciones excepcionales, pero su origen es anterior. Está relacionado con desventajas económicas y educativas previas. Generan un círculo vicioso, porque la distancia en la situación de partida agrava la desigualdad en el acceso a las oportunidades.

Pensemos en todo lo que hacemos habitualmente a través de internet, y que se ha vuelto aún más importante durante estas semanas: mantener contacto con personas queridas, entretenernos, compartir fotos y vídeos, buscar información, comprar, seguir estudiando, trabajar, hacer trámites con la administración o el banco… Es casi imprescindible para nuestro bienestar y desarrollo personal, laboral y social. Y  más aún cuando el acceso a determinadas ayudas sociales como la renta garantizada, las ayudas de vivienda DAVID y EMANZIPA, deben tramitarse telemáticamente o con ayuda de la tecnología.

Esta situación nos muestra con claridad cómo la brecha digital es un obstáculo que agrava la desigualdad social, empeora las condiciones de vida de las personas afectadas, limita sus relaciones y les impide aprovechar las oportunidades que tiene el resto de la población. Si se suele decir que internet y las nuevas tecnologías son “una ventana al mundo”, muchas personas viven encerradas en una habitación sin vistas.

Por ejemplo, ahora se está visibilizando la brecha educativa que existe entre las familias que tienen medios informáticos y conocimientos suficientes para apoyar a sus hijas e hijos y las que no. Vemos cómo les perjudica y los pone en una situación de desventaja respecto al resto.

Necesitamos actuaciones que vayan más allá de las respuestas puntuales a situaciones de emergencia como la que estamos viviendo. Es imprescindible garantizar de forma estable el acceso a internet a las personas más vulnerables y con menos recursos económicos. Debemos tomar conciencia de que, en una sociedad digital, es una necesidad cada vez más básica, y no un lujo.

Al mismo tiempo, necesitamos facilitar formación para que todas las personas, de cualquier edad, sean capaces de acceder a contenidos de calidad, utilizar los servicios disponibles a través de internet y asumir un papel activo y crítico: ser creadores, no solo meros consumidores de contenidos.

Además, hay que tomar conciencia de que la brecha digital es una manifestación más de la injusta desigualdad en el acceso a los recursos, la pobreza y la exclusión social.

Las medidas para reducir de manera efectiva la brecha digital deben ir más allá de actuaciones de urgencia (necesarias en esta situación, pero insuficientes como soluciones a medio y largo plazo). Para asegurar que lleguen a la mayor parte de la población de forma coordinada y estable, es importante que sean promovidas o lideradas por las administraciones públicas.

El acceso y la capacitación en el uso de las TIC deben verse ya como una condición imprescindible para permitir el desarrollo personal y profesional y avanzar en la igualdad de oportunidades. En una sociedad cada vez más basada en lo digital, no hay posibilidad de participación social efectiva sin la capacidad de manejarse en ese entorno. Podemos debatir si consideramos internet como un derecho en sí, pero hoy en día es, sin duda, un facilitador del acceso al ejercicio de muchos derechos reconocidos.

Algunas propuestas:

  • Asegurar el acceso a conexiones básicas a internet de forma gratuita o a bajo precio, para que las personas con bajo nivel de ingresos puedan utilizar los recursos de la red en condiciones similares a las del resto de la población.
  • Mejorar la formación en alfabetización digital en todas las edades, para:

– Convertir el uso de las TIC en algo cotidiano, con cursos centrados en mostrar posibles aplicaciones de las nuevas tecnologías en el día a día (comunicación, información, trámites).

– Generar el hábito de analizar con espíritu crítico los contenidos que se consumen.

– Dar voz, animar a tomar un papel activo, facilitando la expresión personal a través de la tecnología. Con independencia de sus ingresos o nivel educativo, cualquier persona puede crear contenidos de calidad relacionados con sus inquietudes y realidad, siempre que cuente con el apoyo y los medios adecuados.

  • Incrementar el número de espacios de acceso comunitario, con profesionales y/o personas voluntarias que acompañen el uso de las tecnologías, resuelvan dudas y sirvan como apoyo para una utilización cada vez más autónoma.
  • Permitir el acceso a equipos tecnológicos para el uso personal a precios asequibles para quienes apenas tienen recursos económicos.

 

Jesús García Salguero, Miembro de la Comisión Permanente de la Red Navarra de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social.