En Pamplona / Iruña a 15 de octubre de 2026

El XVI Informe ‘El Estado de la Pobreza en España’ nos señala, a priori, una buena noticia. Navarra mejora en 2025 buena parte de sus principales indicadores de pobreza y exclusión social y mantiene resultados más favorables que los del conjunto estatal.
¿Es esta, por lo tanto, una buena noticia? Sí, y debemos reconocerlo, pero no debemos caer en la autocomplacencia. La cuestión no es únicamente si los datos mejoran, sino qué nos dicen esos datos sobre la realidad de quienes siguen viviendo en situaciones de pobreza y exclusión.
En Navarra, la tasa AROPE se sitúa en el 16,5%. Es decir, alrededor de 113.000 personas están en riesgo de pobreza y exclusión social. Este dato debería bastarnos para entender que la pobreza no es un problema resuelto ni residual. Sigue formando parte de la realidad de nuestra comunidad y exige una respuesta política y social a la altura.
Además, la perspectiva histórica nos obliga a mirar más allá de la fotografía de un año. En 2008, la tasa AROPE en Navarra era del 8,6%. Hoy se sitúa 7,9 puntos por encima, hasta el 16,5%. En dieciocho años prácticamente hemos duplicado el porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social.
Y hay otro dato que debería interpelarnos especialmente. La Agenda 2030 estableció como objetivo reducir a la mitad la tasa AROPE registrada en 2015, cuando se situaba en el 13,9%. Lejos de esa meta, estamos 7,2 puntos porcentuales por encima del nivel que deberíamos haber alcanzado.
Los datos pueden mejorar y, sin embargo, seguir siendo insatisfactorios. Pueden situarnos por encima de la media estatal y, aun así, mostrarnos una realidad que no podemos aceptar. Porque el éxito de una sociedad no debería medirse únicamente por su posición respecto a otras, sino también por su capacidad para garantizar el derecho a una vida digna a quienes se encuentran en una situación más vulnerable.
Y es que la pobreza no afecta a todas las personas de la misma manera. Hay determinadas situaciones que aumentan significativamente el riesgo de quedar atrás.
La tasa AROPE alcanza el 21,4% entre los hogares con niños, niñas y jóvenes dependientes; llega al 32,7% entre quienes viven en una vivienda de alquiler a precio de mercado; asciende al 36,3% entre las personas desempleadas y alcanza el 19,4% entre las personas con discapacidad. También es mayor entre quienes viven en entornos urbanos, donde se sitúa en el 18,8%.
Estos datos nos recuerdan algo fundamental: la pobreza no puede explicarse únicamente desde la falta de ingresos. Tiene que ver con el acceso a una vivienda adecuada, con la calidad del empleo, con las oportunidades educativas, con la salud, con los cuidados, con la situación administrativa y con la posibilidad real de participar en la sociedad.
El ‘IX Informe sobre exclusión y desarrollo social en España 2025’ aporta, además, una fotografía especialmente preocupante de Navarra: solo la mitad de la población disfruta de una situación de integración plena. Mientras algunas personas avanzan, otras se desplazan hacia situaciones de integración precaria. Y la exclusión más severa no retrocede.
Todo esto debería obligarnos a cambiar la pregunta. Quizá no se trata de saber si los datos son positivos, de si Navarra está mejor o peor que otras comunidades o de si las cifras han reducido de un año a otro. La pregunta que deberíamos hacernos es mucho más exigente: ¿estamos haciendo todo lo necesario para que nadie quede atrás?
Desde la Red Navarra de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social creemos que la respuesta debe pasar de los indicadores a los compromisos. Mejorar los datos es importante. Pero transformar las condiciones de vida de las personas es el verdadero objetivo.
Firma: Junta Directiva – Comisión Permanente de la Red Navarra de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social