La otra cara del empleo

La precarización, los estigmas sociales y la baja adhesión a los sistemas educativos son algunas de las principales barreras en el acceso al empleo.

Los últimos datos ofrecidos por la Encuesta de Población Activa (EPA) publicados a finales de abril reflejan que el número de ocupados descendió en el primer trimestre un 1,45% en Navarra, respecto al trimestre anterior, pero es necesario aprender a leer detrás de los números para conocer la realidad y acercarnos a esas personas que, por diferentes circunstancias, les cuesta más acceder a empleo de calidad. En Navarra varias entidades, que pertenecen a la Red Navarra de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, trabajan para acompañar y formar a esas personas en el itinerario hacia el trabajo y la inclusión en el mercado laboral.

Las entidades sociales en Navarra acompañan y apoyan a las personas con mayores dificultades en el empleo ofreciendo diferentes itinerarios, formaciones y programas de inserción laboral.

El empleo era hasta la crisis una herramienta básica para la inclusión que ayudaba a salir de esa frágil situación de las personas en riesgo de pobreza y exclusión social. Debido a la alta precarización del mercado, podemos decir que ha perdido la potencia integradora que tenía en los procesos de inclusión como nos explica Eduardo Sanz, responsable de la EIS de la Fundación Ilundain: “Ya no es la herramienta de inserción definitiva, aunque sigue siendo un elemento central e importante, ya no tiene esa fuerza. La reforma laboral supuso una vuelta atrás en derechos: los salarios son muy bajos; la temporalidad es excesiva; y se le suma que los gastos corrientes suben unilateralmente. La suma de estos factores hace que las personas en situación de exclusión estén en un equilibrio muy delicado y que hayamos vuelto a una sociedad de clases económicas donde el concepto de igualdad de oportunidades no está tan claro”.

 

Las personas a la sombra del mercado laboral 

Mientras los datos del desempleo nacional bajan, los de las personas de origen extranjero suben, indicativo de las dificultades a las que deben hacer frente a la hora de lograr un empleo, “se encuentran con barreras lingüísticas, con un extendido estigma social, con códigos sociales a los que deben adaptarse, con menos redes sociales de apoyo, y además deben homologar sus títulos (lo que supone procesos largos y costosos); por todo ello, las personas migrantes acaban abocadas a los nichos laborales con las condiciones más duras”, en palabras de Beatriz Villahizán, de SOS Racismo Navarra/Nafarroa.

Otro de los colectivos con más dificultades son aquellas personas que, por sus condiciones de vida, no encuentran su lugar en el actual sistema educativo y finalmente, lo abandonan. De hecho, siete de cada diez personas desempleadas siguen sin contar con una formación superior a la primera etapa de secundaria, según los datos ofrecidos por Gobierno de Navarra el pasado mes.

Esta problemática es habitual dentro de la comunidad gitana donde, aproximadamente, seis de cada diez no acaban la secundaria (FSG, datos del estudio “El alumnado gitano en secundaria, un estudio comparado”, 2013). En el proceso de búsqueda de trabajo se encuentran frente a barreras como “la falta de formación, que es la principal, pero se le suma el gran estigma que hay con los gitanos, que no es cierto. De vagos nada, están haciendo un esfuerzo increíble por incorporarse, y prefieren aprender y trabajar que estar cobrando la Renta Garantizada”, tal y como nos cuenta Inés García, directora territorial de FSG-Navarra. Además, para prevenir esta desfavorable condición apuestan fuertemente por la prevención del absentismo escolar mediante un programa educativo específico.

Uno de los sectores de la población más olvidados son las personas en situación irregular como relata Beatriz Villahizán: “Al no tener la residencia no pueden acceder a ningún tipo de formación u orientación que pudieran facilitarles desde el Servicio Navarro de Empleo. Es una contradicción, porque para poder obtener la residencia uno de los factores principales es el arraigo y haber trabajado al menos durante un año en jornada completa, lo cual resulta casi imposible”. Muchos de estos colectivos sufren además discriminación directa por motivo de etnia u origen en los propios procesos de selección, sin embargo, son muy pocos los que se atreven a denunciar. A pesar del apoyo que se les ofrece desde las entidades, resulta complicado tener pruebas fehacientes de estos casos, lo que dificulta la resolución favorable.

Desde Salhaketa, Iranzu Baltasar denuncia también la poca promoción y facilitación que se les ofrece a las personas que han tenido que pasar por prisión: “Son personas que son vulnerables en varios aspectos de su vida por haber nacido en el seno de la pobreza, seno no elegido, pero si estigmatizado, más si cabe por el paso por prisión. Algo tan básico como hacer un currículum es algo casi traumático, se enfrentan a tener que poner una foto de carnet y una identificación descriptiva de cómo ha sido su vida”.

 

Itinerarios de formación y ayuda a la búsqueda de empleo

 Las entidades sociales en Navarra desarrollan diferentes programas e itinerarios dirigidos a las personas más vulnerables: personas en desempleo, perceptoras de Renta Garantizada y/o usuarias de los Servicios Sociales.

Con esta población trabaja la Fundación Gaztelan, quien ofrece apoyo en tres vías: el desarrollo en la formación técnica y desarrollo de habilidades personales; orientación laboral desde la cual se planifica la búsqueda de empleo personalizada; y facilitación a la inserción laboral con visitas a empresas o impulsado el empleo por cuenta propia. Araceli Cueli, técnica de empleo del programa “Incorpora”, destaca la importancia del acompañamiento en el tiempo: “Los procesos con estas personas son indefinidos, el acompañamiento debe estar a lo largo de todo el proceso desde la detección de dificultades hasta la propia inserción. Además, no se están creando las oportunidades sociales que deberían para ellas, por eso siempre que nos necesiten les daremos servicio.”

Otra de las entidades, Acción Contra el Hambre, trabaja mediante su programa “Vives Emplea” con 25 participantes para que aprendan a formar un equipo, a desarrollar habilidades, a poner en valor sus virtudes y a realizar contacto con empresas. Según Silvia Costa, técnica de inclusión sociolaboral, “el objetivo primordial es ser generador de condiciones óptimas para que tengan las herramientas y sean autónomas en la búsqueda de empleo”.

 

Las empresas de inserción sociolaboral, plataformas de despegue hacía el mercado

Una de los servicios a los que pueden acudir las personas en desempleo más desfavorecidas es a las EIS (Empresas de Inserción Sociolaboral). Estas ofrecen un itinerario laboral en un entorno productivo que les permitirá a las personas en riesgo de exclusión o desempleados de larga duración una transición hacia el empleo normalizado. Las personas beneficiadas pasan de ser sujetos pasivos, que perciben ayudas y subvenciones, a sujetos activos, que trabajan y mejoran sus condiciones para la inserción laboral. Una de las entidades que cuenta con una EIS es FSG Navarra. En “Nabut” han trabajado a lo largo del año 2017 cerca de 50 personas, y ofrecen servicios de limpieza, lavandería y, transporte y traslado entre otros. También Gaztelan cuenta con un EIS, “Transforma”, dedicada a la atención domiciliaria con personal cualificado, en el que da empleo a 55 personas. Realizan dentro del mismo proyecto actividades para la activación y el desarrollo cognitivo de la población anciana mediante la gestión de “Jubilotecas” y llevan la gestión de las cafeterías de los centros de mayores de Burlada y Villava.

La realidad de los jóvenes tampoco es más fácil, según un reciente informe que elaboró UGT los jóvenes tardan hasta cuatro veces más en encontrar empleo que antes de la crisis. Con este sector de la población trabajan en la Fundación Ilundain, que cuenta con una empresa de inserción sociolaboral donde los jóvenes en proceso de emancipación desarrollan labores en el sector de la jardinería. Eduardo Sanz, responsable de la EIS explica que “cuando llegan empiezan a tener una rutina y una independencia económica que les permite desarrollarse personalmente. Transversalmente, se les ofrece acompañamiento durante el proceso y se hace intervención social mediante tutorías y evaluaciones. Lo más importante es que ellos mismos establezcan sus objetivos y sus prioridades”. Esta plataforma de despegue, tal y como la definen, tiene como meta la inserción en un empleo normalizado, pero siempre siendo respetuosos con el proceso particular de cada participante y ofreciendo formación técnica para que puedan tener más opciones en el mercado. Para poder llevar a cabo la inclusión real de toda esa parte de la población Sanz reclama la necesidad de más recursos para poder dar cabida a la gran demanda de la sociedad de este tipo de servicios, actualmente existe una escasa oferta que no alcanza las 200 plazas en estas empresas en toda Navarra.

Otra de las entidades que también cuenta con una EIS es la Fundación Varazdin en la que trabajan hasta 55 personas. Eduardo Jiménez, gerente de la fundación, pone en valor la labor realizada en red por las entidades: “Es muy satisfactorio ver como personas que parten de una situación de desventaja, con mucho esfuerzo, logran darle una vuelta radical a su vida. Cuando llegan aquí normalmente ya han pasado por otras entidades o servicios, la suma de todos los servicios son importantes en ese proceso”. También crean enclaves laborales en las propias empresas con 5-6 personas y de esta manera demuestran que la calidad de su trabajo es homologable a la de otros trabajadores y trabajadoras, este proceso facilita su contratación.

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Publicado en Actualidad.

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