Historias de la otra cara del empleo

«Las empresas tienen que aprender a confiar más en la capacidad de los jóvenes, y dar oportunidades también a los más mayores».

El desempleo es una situación no deseada que puede ser solo el comienzo de muchos otros problemas tales como depresión o dependencias, si se cronifica. Las personas que ya sea por su origen, su etnia, género o diferentes circunstancias se encuentran en situación de exclusión social realizan un esfuerzo extraordinario para su inserción en el mercado laboral y por eso su voz es un ejemplo de superación:

 

Ángel, Fundación Varazdin

“Llevaba 5 años sin trabajar, trabajaba de jardinero, se me acabó el contrato y por mi edad, 52 años, me es muy difícil encontrar trabajo. Estuve un año y medio durmiendo en la calle y comiendo en el comedor del Paris365. Comencé a hacer cursos del SNE, de todo tipo y la trabajadora social me derivó aquí, a Varazdin. Estoy muy contento, necesito trabajar para sentirme útil, lo prefiero antes que cobrar una ayuda”

 

Alicia, FSG Navarra

“Llegué de Caparroso sin ningún recurso y aquí me abrieron la puerta, me dieron trabajo, y me dieron las formaciones necesarias. Ha sido muy evolutivo. Tengo competencias clave que quiero sacar, tengo experiencia en cuidados y  quiero formarme para ello. No pude estudiar y ahora quiero conseguirlo.”

 

Selenis, Oumou y Ianire, Fundación Ilundain

Estas tres jóvenes se han enfrentado en su vida a cargas familiares, desvinculación al sistema educativo o migraciones, la discriminación por género ha pesado y dificultado el acceso normalizado al empleo. Selenis por su parte pide que “el trabajo sea más humano, que se pueda adaptar o sea más comprensivo con las circunstancias de cada una. Las empresas tienen que aprender a confiar más en la capacidad de los jóvenes, y dar oportunidades también a los más mayores”. Ianire por su parte denuncia que “más de una vez me han preguntado si tenía hijos o pensaba tenerlos, por ser mujer lo tengo más difícil”.  Oumau afirma que además de las barreras lingüísticas ella se hace cargo de los cuidados de sus tres hijos lo cual le dificulta poder conciliar.

 

Rebeca, Fátima, Roxana y Sebastián – Acción Contra el Hambre

Participan en el programa “Vives Emplea” y les caracteriza no solamente su situación en desempleo, también el valor que han tenido para afrontar las difíciles situaciones de su vida tales como violencia de género, enfermedades, migración y barreras lingüísticas, y/o homologación de títulos.

He trabajado en circunstancias penosas para poder pagar el comedor de mis hijos, y no me arrepiento, bien orgullosa

Rebeca decidió dedicarse a la crianza de su hijo y, tras una difícil separación con su pareja, marcada por la violencia machista, tuvo que abandonar su ciudad. Este curso ha sido una oportunidad para ella y destaca la importancia de las redes sociales en el proceso: “Mi familia y mis amigos han sido vitales por el apoyo que me han ofrecido, y ahora también mis compañeros”.

Sebastián, licenciado en Logopedia, vino de Chile hace casi dos años y una de sus mayores barreras a la hora de buscar empleo ha sido la complicada tarea de homologar sus títulos.

Roxana confiesa haber descubierto en este proceso no estar sola, no solo son un equipo en el que apoyarse a la hora de buscar trabajo la parte humana no se puede desvincular del proceso.

Fátima trabajó como esteticista durante muchos años, pero el cuidado de sus dos hijos y de su madre, y la salud en muchos casos, no le han permitido tener continuidad laboral. “He trabajado en circunstancias penosas para poder pagar el comedor de mis hijos, y no me arrepiento, bien orgullosa. Ser madre soltera es muy duro y más ahora que tienen 16 años, los problemas se van acumulando”, narra Fátima.

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